
La política del odio y el odio en la política
28 de octubre de 2025
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4 de noviembre de 2025El capo y la izquierda
Enrique Laviada Cirerol –
Ayer por la mañana publiqué un mensaje en mis redes sociales, fue una invitación a quienes se ubican ideológica y políticamente a la izquierda, era algo sencillo y a la vez bastante provocador, lo admito, les dije: levanten la mano quienes se sientan representados por este señor, más abajo aparecía una foto de Adán Augusto López, en actitud de solicitar una respuesta pronto.
Debo reconocer que la facha del sujeto no es precisamente alentadora, como para facilitar una consulta al respecto, ni una manera fácil de encontrar su lugar en el espacio político nacional, lo sé, pues en verdad parece más un capo de algún grupo delincuencial, que un parlamentario progresista.
Y ni modo.
El caso es que este señor, o sea el tal Adán Augusto López, ha sido señalado como presunto responsable de cualquier cantidad de delitos, bastante variados, pero todos de suma gravedad, incluida su relación con La Barredora, un temido cártel que opera con suficiente impunidad desde hace años (los de la transformación) en su estado natal.
En la oleada de acusaciones contra el tabasqueño, se incluyen, desde luego las relacionadas con la corrupción y el manejo turbio de recursos públicos, triangulaciones con empresas contratistas y asignaciones discrecionales, defraudación fiscal y negocios relacionados con la famosa estafa maestra, y que de acuerdo con cálculos elementales pondrían a cualquiera tras las rejas.
Pero pese a todo, el capo tabasqueño, se mantiene firme en su puesto de líder de la bancada de Morena en el Senado, y lanza bravatas frente a lo que considera una“campañita” en su contra y una maniobra más de “la derecha (¿?) con la que sus “enemigos” (¿?) buscan desprestigiar al régimen, y de paso, lastimar su imagen personal (habrase visto semejante atrevimiento).
Todo se reduce, pues, a la “politiquería” de la desgraciada derecha, la derecha adolorida, la derecha que no sabe ser oposición, la derecha agazapada, la derecha conservadora, la derecha retardataria, la derecha… la derecha… la derecha.
Y uno podría pensar, entonces, lógicamente, que este señor debe ser un connotado representante de la izquierda, alguien que ha entregado toda su vida a la militancia, una figura emblemática, un destacado defensor de las mejores causas progresistas, un paladín del proletariado, un destacado ideólogo, un luchador social, un gran hombre.
Pero no.
Según ha trascendido ni siquiera su paisano, amigo y hermano (léase cómplice), me refiero al expresidente López Obrador, ni la presidenta Sheinbaum, están dispuestos a cargar con los escándalos monumentales del capo y se desmarcan tanto como pueden y patrocinan filtraciones y hacen juegos malabares, con tal de que no los salpique.
En efecto.
Todo parece indicar que se trata de un delincuente que encarna exactamente todo lo que la izquierda repudió en este país por décadas, convertido en una especie de castigo divino (es ironía cruel) ante la incapacidad de esa corriente ideológica de modernizarse y comprometerse realmente con la democracia.
Adán Augusto López es la consecuencia de la escasa fuerza orgánica, espiritual e intelectual de la izquierda, es su némesis, un castigo fatal, es la imagen viva de la restauración autoritaria, con lo que se establece (¡ohterrible maldición!) el orden anterior del PRI, corregido y aumentado, al grado delincuencial y más funesto que hubiésemos conocido, imaginado o soñado en nuestras peores pesadillas.
No obstante.
Si algún militante de izquierda desea levantar la mano para defenderlo y explicar las razones por las cuales se siente representado por el capo, la invitación sigue abierta y puede dirigir sus comentarios a esta columna.
Saludos.
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Acertijo
No se pierdan el desenlace.
