Morena, la frivolidad enquistada
28 de abril de 2026
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Esa cuestión de la unidad nacional

Enrique Laviada Cirerol –

Ha sido la presienta Claudia Sheinbaum la encargada de clamar por la unidad nacional frente a las amenazas del exterior, acudiendo con frecuencia a frases de un exaltado patriotismo, que podrían llegar a ser hasta conmovedoras, si no fuera porque se encuentran completamente fuera de contexto y empañadas por graves problemas de legitimidad y verticalidad de su gobierno.

Veamos.

Resulta poco afortunado llamar a la unidad cuando la política predilecta del régimen obradorista (lo que incluye a C. Sheinbaum)ha consistido en dividir al país, de acuerdo con su caprichosa idea de que existen dos bandos irreconciliables, algo así como una versión palurda de la lucha de clases, en la que esas dos fuerzas se enfrentan hasta conseguir que una anule a la otra, y de preferencia para siempre.

Aunque nos siga pareciendo increíble, López Obrador logró imponer la narrativa que convertía a la escena nacional, en un campo de batalla donde se encontraban dos bandos, haciendo una reducción vulgar de la política mexicana, que terminó por desmantelar las instituciones democráticas y casi aniquilar los procedimientos propios de la pluralidad y la diversidad, quizá sin medir sus consecuencias, hasta ahora.

Ese absurdo maniqueísmo se convierte, entonces, en el peor contrasentido del llamado presidencial, esto es, suena absurdo que quienes han promovido todo este tiempo la confrontación, hoy pidan unidad.

Y peor aún.

Resulta que ese llamado a la unidad pareciera encaminado no a defender al país, sino a encubrir y proteger a los narcotraficantes y, desde luego, a los políticos que podrían estar vinculados a sus operaciones criminales.

De ahí que los actos malabares de la presidenta por diferenciar al oficialismo de la delincuencia sean inútiles, mientras sigue el desfile de nombres de posibles implicados, lo que no ayuda a su discurso, y cuando todo parece indicar que el panorama se le complicará, todavía más, cuando la presión del Departamento de Estado norteamericano arrecie y vayan por más gobernadores, diputados, senadores y demás amigos de la maña.

Es lo que sigue.

Sin embargo, por lo que se deja ver, la fórmula del régimen seguirá siendo completamente fiel al principio de culpar de todo a sus enemigos (léase Calderón, Zedillo, Salinas o cualquier otro que se les venga en mente), con tal de desviar la atención y evitar que la “amenaza del exterior” se acerque más al Caudillo y a su círculo cercano de cómplices y familiares.

El punto es que ni Morena es México, ni la ofensiva del exterior en contra de las bandas del crimen organizado, pone en riesgo la soberanía nacional.

Se terminó la farsa.

De modo que al régimen le queda cada día menos tiempo y poco margen de maniobra, es decir, o rompe con el narco o su llamado a la unidad quedará reducido a vil demagogia, sin que a final de cuentas puedan evitar que los criminales y sus amigos y sus socios y sus compadres se libren de la cárcel, lo que parecería ser un destino fatal y justo.

En verdad no veo como pueda Morena tener el mismo éxito en las próximas elecciones intermedias cargando con semejante lastredelincuencial, aun reconociendo la debilidad de los partidos de oposición es predecible que la sociedad ya no soporte más podredumbre.

Quizá por eso me causa un poco de pena ajena el patriotismo de C. Sheinbaum, tan inspirado en la línea discursiva del viejo régimen, pero por otra parte me preocupa queen su desesperación (ya se le nota muy agobiada), en lugar de atrapar a los criminales, se dedique a perseguir o incluso reprimir a sus adversarios, con la patraña de son “colaboradores de la ofensiva exterior” y eso nos lleve, entonces sí, a debilitarnos completamente como nación.

La presienta debería entender (sé que no está fácil) que la unidad de un país entero en torno a un propósito determinado sea cual fuese, seguramente sometido al escrutinio público y el muy probable juicio de la historia, solo se logra mediante el entendimiento, el dialogo y la colaboración entre quienes por definición representan a partidos distintos, y entre todos ellos y la sociedad.

Sería lo mejor.

Acertijo

Unidad, pero contra los delincuentes.