Los recuerdos
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27 de noviembre de 2025Comunicación fallida
Enrique Laviada Cirerol –
Dicen los que saben que la comunicación es esencial para cualquier gobierno, si logras algo y no sabes comunicarlo es como si no existiera, o si pretendes persuadir de tus bondades a un país resulta indispensable que cuentes con buenas formas de contacto y empatía con sus ciudadanos, esto es, la comunicación entendida como parte esencial del cometido público.
Al actual régimen eso le está fallando.
Por más esfuerzos que hacen, hay algo que no se encuentra debidamente colocado en su lugar, la maquinaria de la comunicación gubernamental se observa torpe y burda en sus procedimientos, casi cualquier intento por encontrar las palabras y los tonos de sus mensajes resulta en fracaso.
Algo está fallando.
Alguien ha hecho creer a la inquilina de Palacio (léase Claudia Sheinbaum) que comunicar es igual a reproducir una misma narrativa en la que se sugiere una reiterade victimización, a la vez que se excede en sus tonos y modos arrogantes, lo cual arroja una mala mezcla que, paulatinamente, produce efectos contarios a lo que se desea, en suma, su comunicación los incomunica, y la aleja del ciudadano común, por así decirlo.
Falla.
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Veamos:
Primero. Tenemos lo que podríamos llamar clonación del líder, es decir, esa tendencia a reproducir el estilo, los gestos, las pausas, los ademanes y hasta el acento regional de aquel, me refiero a los de Andrés Manuel López Obrador, y que ahora adoptan como si fueran suyos, desde los funcionarios de los bajos estratos, pasando por algunos parlamentarios y gobernadores del país, hasta llegar a la misma presidenta Sheinbaum, lo que estoy seguro se convierte rápidamente en algo bastante ridículo y contraproducente, y lejos de generar simpatías reduce su comunicación al plano de lo grotesco e intragable.
Sobre todo, si la imitadora principal es ni más ni menos que la presidenta Sheinbaum, a la que vemos y escuchamos, de pronto, meciéndose en las formas tropicales de expresión a las que López Obrador gustaba de acudir para mofarse de sus adversarios, minimizar los problemas, descalificar a los opositores y comúnmente desacreditar a ciertas personas o medios de comunicación, tanto como lastimar a cualquiera que se le pusiera enfrente.
Es muy común al revisar la historia, encontrarse con esta tendencia imitativa, especialmente al referirnos a regímenes totalitarios que siempre buscan un arquetipo de autoridad personal, en la imagen del jefe máximo, o sea, un modelo a seguir hasta la ignominia, no solo con relación a su conducta o sus postulados, sino a su manera de hablar, pararse o manotear.
Eso falla.
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Segundo. Luego aparece la lógica inversa que se aplica para decir lo contario de lo que se hace o de lo que está sucediendo, con la evidente intención de alcanzar rápidamente el desprestigio de algo o de alguien que resulte incómodo o inconveniente o intolerable para un régimen autoritario.
Son muy pocos, son una minoría, dice Sheinbaum, después de que salieran a la calle y las plazas públicas de más de cincuenta ciudades para protestar en su contra.
Piensan que me afecta, pero me hacen más fuerte, insiste.
Dispuesta a defender al pueblo y la soberanía nacional de los ataques de la derecha y la manipulación y las amenazas del extranjero. La presienta pretende erigirse a si misma como la líder de algo, lo que sea. Justo cuando lo que tiene enfrente es una turba de jóvenes pertenecientes a una generación internáutica, sin líderes, pero cansados de tanta corrupción e inseguridad.
Nos calumnian porque conocen nuestra honestidad, responde Sheinbaum, casi en un ataque de paroxismo discursivo.
Si las multitudes que te acusan de ser la narco presienta, seguro viene consigo el consejo de los genios de la comunicación oficialista, para culpar a Calderón o hasta a Porfirio Díaz (ya entrados en gastos) para forzar las cosas hasta que la lógica no soporte más, y en lugar de mejorar, la relación entre gobierno y sociedad se hace peor, la presidenta se convierte en actriz de una parodia matutina.
Y entonces su idea falla.
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Tercero. Aquí es donde aparece lo más obsesivo en la comunicación oficial, me refiero a la consagración de la mentira, como una forma de ocultamiento sistemático de la realidad, para hacer del discurso oficial un motivo de culto inapelable, una pretensión en extremos riesgosa, pues contraviene las libertades y disloca la convivencia plural de la sociedad.
Las mentiras oficiales se convierten en una especie de doctrina.
A ese mismo tiempo, la realidad sacude las conciencias de grandes cantidades de ciudadanos y muestra sus alcances en un despertar colectivo y se producen rebeliones espontaneas, que por supuesto a los engreídos comunicadores del régimen les resulta sumamente complicado descifrar y encontrar el antídoto.
Que en el país sobra el optimismo y la alegría, dice Sheinbaum.
El mismo día en el que los transportistas y los agricultores de distintas regiones del país, cansados de tantas mentiras y promesas, hartos de la inseguridad, bloquean en señal de desesperada protesta las principales carreteras del país.
No hace falta que se movilicen.
En México la violencia se encuentra a la baja, la seguridad está siendo atendida, no hay desabasto de medicamentos, la deuda es una herencia maldita del pasado, somos el país más democrático del planeta, la educación y la salud están garantizadas, la pobreza desaparece, se respeta a quienes disienten y la libertad de expresión está completamente fuera de cualquier tela de duda.
La minoría quiere que regresen los privilegios.
Mientras tanto, resuenan en Palacio los escándalos protagonizados por los juniors aburguesados, los capos parlamentarios exhiben impúdicamente sus lujos, el derroche presupuestal forma ríos de dinero sin comprobar y se suceden los casos relacionados con la corrupción, en los tiempos de la llamada cuarta transformación, cuyas proporciones aún no han sido suficientemente calculadas.
La era de la corrupción terminó.
Consagrar la mentira es un método que consiste ya no solo en repetirla mil veces para que se vuelva verdad, sino en negar cualquier posibilidad de que la verdad tenga un contenido plural, esto es, se trata de la mentira que se sobrepone y termina por aplastar a los demás, sin contemplaciones.
La consagración de la mentira tiene, pues, un referente dogmático indispensable, no se trata de argumentos para debatir con el adversario, se trata de conceptos cerrados que buscan alimentar una maquinaria de propaganda paquidérmica y muy costosa, con tal de imponerse ante la realidad.
Pero falla.
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Acertijo
La mentira en política es una trampa en la que frecuentemente caen los tramposos.
