Charles Bukowski – No lo intentes
20 de agosto de 2025
Después de mentir…
25 de agosto de 2025Después de mentir, volver a mentir
Enrique Laviada Cirerol –
Es realmente difícil de creer que la presidenta Sheinbaum, llegue a mentir como lo hace, con aquello de que en nuestro país “se acabó la era de la corrupción, el privilegio y el nepotismo”, dicho estando en medio de uno de los peores escollos a los que se ha enfrentado su gobierno.
O quizá por eso.
Lo ha declarado justo cuando varios de sus más queridos colegas, amigos y camaradas son protagonistas estelares de sendos escándalos relacionados con actos de corrupción (caso Pio López Obrador), o ser sorprendidos en el boato y la ostentación(casos Andy López , Ricardo Monreal, Mario Delgado, Sergio Gutiérrez, entre muchos otros), o estar involucrados en poderosas redes familiares de control del poder, la delincuencia organizada y el manejo de los recursos públicos (los clanes son suficientemente conocidos), es decir, pareciera que miente con alevosía y perfidia.
Y Quizá por eso.
El caso es que la presidenta nos miente, a pesar de que todos tengamos a la vista los excesos y la incongruencia de sus contlapaches, o sea, nos miente pensando que no pensamos o que somos idiotas o que no tenemos más remedio que creerle, a pesar de que estemos a puto de vomitar con tanta desfachatez.
O quizá por eso.
Véase con cuidado, también, la otra reciente declaración de Sheinbaum en el sentido de que México es “el país más democrático del mundo”, hecha en medio de los más terribles señalamientos de propios y extraños acerca de la demolición institucional y el poder alcanzado por el narco, o sea, en medio del desastre.
Y quizá por eso.
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Con esa capacidad para mentir impunemente, no es casual que resulte apropiado revisar las ideas críticas, acerca del enorme autoritarismo que subyace en esa capacidad de mentir que muestran los gobernantes, y cuáles son sus consecuencias en el comportamiento de las naciones y en la vida social.
O quizá por eso.
Me refiero, por ejemplo, a la especial repercusión que tienen, ahora, los escritos de Hanna Arendt, a propósito de la mentira en la política, que datan de un al parecer no tan lejano 1971, cuando la autora presenta la conocida afirmación de que:” Mentir constantemente no tiene como objeto hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no pude distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira”. Más nos valdría, pienso, sopesar la filosa actualidad de esas palabras.
Y quizá por eso.
La mentira se nos presenta, entonces, como parte de una estrategia de publicidad interna y la entronización de un partido y de un modelo de dominación y hegemonía política, con la singularidad de tener efectos perversos en la conciencia colectiva, pues se trata de lograr una completa distorsión colectiva que terminaría, fatalmente, por desfigurar el sentido de realidad.
O quizá por eso.
Al mentir, los gobernantes, no buscarían, así, encubrir u ocultar los hechos y determinadas conductas, sino sustituirlos por algo alterno, algo no real, que, me temo, llevaría a una especie de esquizofrenia del poder, esto es, muy grave.
Y quizá por eso.
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Acertijo
Las versiones locales suelen ser, además, grotescas.