El ocaso del caudillo
10 de febrero de 2026
El ocaso del caudillo
10 de febrero de 2026
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Las criaturas de Obrador

Enrique Laviada Cirerol –

Apenas la semana pasada, comentábamos en este mismo espacio, sobre el peligro de lo que llamamos criaturas de un régimen totalitario, en conflicto. Qué miedo. Son todos hechos a imagen y semejanza. Comparten una pretendida lealtad al caudillo, pero que, ahora, se pone a prueba. No les ha tomado mucho tiempo exhibir hasta dónde puede llegar su idolatría y, al mismo tiempo, su cinismo y los vemos peleando a muerte.

El mayor problema que se genera con semejante lucha interna es que, no se trata de expresiones ideológicas o de grupos políticos, que representen o debatan proyectos, sino de camarillas que chocan por intereses, en razón o con arreglo a su cercanía o distancia del caudillo, sin que les importen las consecuencias o el daño que puedan causar.

Son sus criaturas.

Los vemos desfilar, seguros de que están del lado correcto de la historia (esta sí que es ironía) cruzando acusaciones y denuncias o insultos y agravios, siempre cobijados en su definición personal, esto es, una batalla entre obradoristas.

Son sus criaturas.

Con esto quiero decir que, personajes comoJulio Sherer, Adan Augusto, Ricardo Monreal, Mario Delgado, Pablo Gómez, Layda Sansores, Pedro Haces, Félix Salgado, Fernández Noroña, Citlali Hernández, Arturo Avila o Marx Arriaga (el listado no es completo ni va en orden de importancia) son especímenes de un mismo barro (obradorismo), sin que nada sustancial les separe o distinga, excepto su ambición y los grados de su desmedida.

Son sus criaturas.

Y es que un régimen autoritario tiende, con la debida solemnidad, a igualar en una misma especie a sus seguidores, incapaces o incapacitados para pensar por sí mismos y sometidos a la lógica de las verdades únicas, esas que terminan por borrar el pensamiento crítico e independiente.

Son sus criaturas.

Lo he dicho muchas veces, pero vale la pena insistir, en que Morena no es propiamente un partido, sino la amalgama ocasional y progresiva de sujetos con intereses disímbolos, reunidos bajo un mismo techo por invitación del caudillo, con la única condición (lo que no necesariamente tiene que ser explícito ni completamente cierto) de aceptar su autoridad de jefe supremo del movimiento.

Son sus criaturas.

No importa de dónde vengan o que hayan hecho o dicho antes, y de qué manera llegaron hasta ese lugar, o si son sinceros o farsantes, lo que importa es que sigan pegados unos con otros (a eso le llaman unidad) por obra y gracia del caudillo.

Son sus criaturas.

La presidenta Claudia Sheinbaum, no es en modo alguno la excepción, y puede mentir y negar ad infinitum cualquier culpa o exceso, fracaso o tropiezo, escándalo o ruindad dentro del régimen, exactamente por la misma razón que los demás.

Son sus criaturas.

Sin embargo, como si algo no estuviera bien establecido, y puesto en su lugar (algunos le denominan institucionalidad) esos mismos personajes suelen ser crueles a la hora de pelear entre unos y otros, con la soltura que proviene del más agudo cinismo, y para ilustrarlo con algunos detalles, ha salido a la luz un libro en el que se exponen varias de las miserias de las que el propio autor fue participe o cómplice o cualquier cosa que se le parezca.

Son sus criaturas.

Y sucede que, esos mismos personajes, pueden anunciar las fisuras o quizá la plena división de un movimiento, cuyos materiales constructivos son tan rudimentarios y simples que, por desgracia suya, no resultan suficientes para mantenerlos en un mínimo de orden establecido, precisamente por su alejamiento casi absoluto de las prácticas democráticas.

Son sus criaturas.

Están a la vista y son perfectamente capaces de provocar una temprana descomposición, tal y como el tufo de sus reyertas internas lo delata, hasta terminar siendo irreconciliables rivales, enemigos incluso, y muy probablemente sus seguros e implacables destructores.

Son sus criaturas.

A falta de contrapesos y por ausencia de una oposición fuerte y confiable, para mí, que lo están haciendo bien, y no hay razón alguna para interrumpirles en esa labor, es más, dejadlos solos, claro que sí pueden devorarse.

Son sus criaturas.

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Acertijo

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