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Enrique Laviada Cirerol –

En lo que va del primer año del actual sexenio ya han sido ejecutados diez alcaldes en Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, San Luis Potosí y Michoacán, en una de las peores rachas de las que se tenga memoria.

Pero a la presidenta Claudia Sheinbaum eso no parce importarle mucho que digamos, tuvieron que transcurrir más de doce horas del asesinato de Carlos Manzo en Uruapan para que, al menos, expresara su pesar por el crimen cometido. Su reacción tardía es una muestra de que la cautela política es más importante que la vida humana. La pasmosa reunión de la llamada mesa de paz ha dejado más dudas que certezas. Lo mismo. Las mismas promesas de siempre. Una simulación vergonzosa que se topa con la tragedia.

Todos esperamos entonces a sus declaraciones en la mañanera del día siguiente, solo para confirmar lo que ya sabíamos. Aquí tenemos, nuevamente, a la presidenta Sheinbaum en modo repetitivo. Que se abrirá la carpeta de investigación, que se aplicará todo el peso de la ley, que encontrarán el móvil en cada caso, bla, bla, bla, bla. Y luego, el desplante al estilo de la casa, que no podía faltar. Debido a la baja en el índice de homicidios (aplausos), ahora la apuesta del crimen organizado sería a homicidios de “alto impacto mediático”, y ya solo le faltó agregar un “se los dije”, ese no es el camino, la violencia no se combate con violencia, el fuego no apaga al fuego, y parrafadas por el estilo.

No puedo dejar de lado, por cierto, el desprecio con el que también trataba a Carlos Manzo, el todavía gobernador de aquel estado, Alfredo Ramírez Bedolla, “cuantos abatidos llevas”, le dice, en un video que satura en estas horas las redes sociales, haciendo burla de la orden dada por el alcalde de combatir frontalmente a los narcos en su pueblo. Dicen que ahora, apabullado por los abucheos y el repudio de la gente de Uruapan, se muestra intolerante y represivo ante las manifestaciones de protesta. Mano dura contra los ciudadanos indignados, consideraciones a los delincuentes; en un bochornoso espectáculo posterior a la desgracia.

Entre los personajes oficialistas que lamentaron “el sensible fallecimiento” de Carlos Manzo, no puedo dejar de mencionarlo, solo pude distinguir la diferencia, en medio de tanta hipocresía, al leer el comunicado de Marcelo Ebrard, donde se alude al hecho como lo que fue, no un fallecimiento, sino el “artero asesinato de Manzo”, a quien se refiere como un alcalde comprometido y buen amigo y compañero, en un triste día para todos, dijo en su cuenta de X. Sensato, pero aislado.

En contraste, la parte más lamentable tocó, como parece costumbre, a Arturo Ávila, vocero morenista en San Lázaro, a quien el asesinato de Manzo “le rompió el corazón”,dijo, compartiendo su pésame a “todos los que lloran su partida”, en un desliz propio de alguien sin escrúpulos, y que a renglón seguido intenta aplacar la indignación colectiva que ha provocado el crimen. Creo que fue la líder de las madres buscadoras, Cecilia Flores, quien lo puso en su lugar con pocas pero directas palabras: “A veces, cuando no tienes nada mejor que decir es mejor el silencio”, le sorrajó.

Y es que el golpe de realidad en el rostro del actual régimen es fenomenal, son parte del problema y no de la solución, y si alguien intenta hacer algo distinto, como por ejemplo enfrentarse a los delincuentes, tu suerte está echada, no cuentas con nadie más que con tu gente y con tu propio valor y entereza, eso es lo que le pasó a Carlos Manzo, lo mataron por ser consecuente.

Pero la presienta Claudia Sheinbaum no lo ve así, para ella es un error enfrentarse a los narcos, no hay que declararles la guerra, hay que confiar en la justicia, dijo, y volvió a la cantaleta de que todo es culpa de Calderón, o sea, ante la tragedia frases propagandísticas sacadas del mismo portafolios de siempre.

Por mi parte le reitero lo dicho en mis redes sociales. A ver, presidenta Sheinbaum: Si el Estado renuncia al monopolio de la fuerza frente a las organizaciones delincuenciales, lo que queda no es justicia sino impunidad, y esa confusión es suya y de nadie más, admito que no haya leído a Max Weber, dado que no es un autor indispensable en la facultad de Ciencias, pero supongo que algo le habrán platicado al respecto.

El ejercicio exclusivo de la fuerza por el Estado, a través de sus órganos de coerciónlegal, es decir, las policías, la guardia nacional y el ejército, es una obligación frente a las amenazas criminales, no una opción o una predilección, son sus facultades propias e indeclinables.

Pero el gobierno Sheinbaum, en efecto, no está en guerra contra el narco, más bien se encuentra infiltrado, desarticulado, vulnerable y, lo peor, coludido con quienes trafican, extorsionan, secuestran y matan, en el peor de los mundos.

No obstante, es posible que lo sucedido mueva a un despertar de la conciencia en miles o millones de personas que ya no están dispuestas a soportar más sufrimiento, y quizá con ello se abra la posibilidad de dar un giro en el destino inmediato del país, antes de que sea demasiado tarde.

No más.

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Acertijo

“En política lo que no es posible es falso”.