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Sheinbaum, la línea

Enrique Laviada Cirerol –

Hasta donde alcanzamos a saber, con suficiente certeza, existe un acuerdo o arreglo para delegar el poder presidencial en manos de Claudia Sheinbaum, a condición de que los años de su sexenio fuesen la continuidad de los anteriores, sin ruptura alguna.

Eso quiere decir que, aún contra nuestra voluntad, nos encontramos en algo así como el Año Siete, dentro de lo que ellos denominan cuarta transformación, y que en el lenguaje de la propaganda del régimen se identifica como su segundo piso, en alusión a una supuesta etapa superior.

A esa lógica ha respondido casi todo lo que vemos: la formación del gabinete, el dominio sobre el poder Legislativo, la toma del poder Judicial, el control sobre la mayor cantidad posible de gobiernos estatales, el mantenimiento y ampliación de los llamados programas sociales, la militarización del país y, desde luego, la defensa a ultranza de todas las directrices trazadas, frente a los conservadores, la derecha y el neoliberalismo, sin vacilaciones.

Todo en línea.

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Pero el problema es que una cosa es el esquema, y otra, completamente distinta, es la realidad, la misma que suele dar al traste con las visiones dogmáticas y las verdades absolutas, y lo hace con suficiente frecuencia.

Lo digo con pesar, pero, el único contrapeso al totalitarismo se encuentra en su choque con la realidad, que les contradice y pone en duda su estabilidad autoritaria; mientras, los partidos tradicionales de la oposición pierden el tiempo en lamentarse, y la opinión pública es burlada cada mañana, y los empresarios se sienten contra la pared, y las instituciones se caen a pedazos o a madrazos, sin que nada pueda hacerse por el lado de la sensatez política.

Esa terca realidad es la que pone a la vista el desastre que viene, junto con los estragos causados por el nulo crecimiento del país, el combate artificial de la pobreza, la inflación galopante, el gasto desorbitado en obras inútiles, la política social electorera que desfonda los recursos públicos, la acumulación de carencias en materia de salud y educación y la puesta en riesgo de los fondos de pensiones y las reservas nacionales.

Todo ello, en un entorno internacional, dominado por la agresividad de las políticas comerciales y las presiones de la administración Trump, junto a los dilemas cruciales de la lucha contra el narcotráfico internacional, que se ciernen como una amenaza permanente de tempestad.

Una línea recta.

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No hace falta mucha ciencia para darse cuenta de que esa colisión entre la realidad y el dogma afecta, especialmente, a la presidenta Sheinbaum, le resta capacidad de maniobra e, incluso, le ata de manos frente a los verdaderos enemigos de la sociedad.

De ahí que, el dilema principal, se encuentre en la posibilidad de que la presidenta se convierta en eso, La Presidenta, así con mayúsculas, y se incline por la excepcionalidad, y le demuestre a todo el mundo que no es simple testaferro de un poder condicionado y prestado, y se decida de una vez por todas a ejercer el suyo, ese que le otorgaron los electores y le confiere la Constitución.

Para empezar, Claudia Sheinbaum tendría que deslindarse de la ralea de políticos ambiciosos, corruptos y acomodaticios que provienen de la zona oscura del viejo sistema de partidos, muchos de ellos ligados, además, a la delincuencia organizada.

Me animo con esto a recordar que, cuando se abrió la crisis terminal del viejo PRI, algo semejante sucedió adentro de sus propias filas, con la formación de la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martines, que pudo regenerar espacios e inyectar la suficiente energía a una transición democrática, limitada pero auténtica.

Sin esa transición, que permitió al menos lograr la alternancia, sería impensable una Sheinbaum en la presidencia, y por eso le toca a ella, ahora, abrir la posibilidad de que sea la democracia el factor imperante, y no su extinción como tributo al poder personal de un caudillo en la sombra.

Trazar la línea.

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Acertijo

La excepcionalidad histórica tiene plazos.