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Tragicomedia
5 de agosto de 2025Tragicomedia en tres actos, un epílogo y el acertijo
Enrique Laviada Cirerol –
Primer acto. Aparece el inefable don Adán Augusto López, hasta ahora líder de los Senadores, señalado por tener amistades peligrosas con un tal Hernán Bermúdez, quien a su vez estaría vinculado al grupo criminal denominado La Barredora (desde el nombre empieza el terror), dedicado a comerciar con drogas, secuestrar, asesinar, extorsionar y otras actividades por el estilo que no parecen muy compatibles con alguien que ocupa un escaño en la cámara alta y fue secretario de Gobernación e incluso aspiró a la presidencia de la República, con el lema de ser el “hombre más cercano a López Obrador”, porque en efecto lo es, a menos que de un plumazo lo desconozcan.
El caso es que don Adán, luego de unos días de prudente silencio, por fin, apareció en público para recetarnos la declaración solemne de que, él no sabía nada, ni estaba enterado, ni se imaginaba que su caute de tantos años, el tal Bermúdez, en lugar de dirigir la policía de su estado, -o a al mismo tiempo-, comandaba una peligrosa banda delincuencial.
Sin embargo, para consuelo de todos nosotros, el senador agregó que, de haberlo sabido, por supuesto lo habría separarlo del cargo, escuchó usted bien, lo habría separado del cargo, no dijo que habría levantado cargos o procedido en su contra, con lo que, sin duda, ha logrado dejarnos más asustados que al principio.
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Segundo acto. Entra en escena, don Ricardo Monreal, hasta ahora líder de los Diputados, dándose vida de jeque árabe en España, captado en el restaurante Flor y Nata (conste que no es ironía) del hotel Villa Magna en Madrid, con lentes oscuros, en su papel de incognito turista, por aquello de que pudiera pasar lo que pasó, o sea, que lo cacharan.
Fiel a su estilo, Monreal primero lo negó todo, usando el subterfugio de que “se encontraba dedicado a escribir un libro”, y no le sorprendía que algunos anduvieran con ganas de molestarlo y entrometerse en su vida privada.
Sin embargo, pronto se salió del guion, para grabar un video, a orillas de la carretera, en short, con gorra y sandalias, junto a su esposa, para mostrarnos que andaba de vacaciones, reivindicando su legítimo derecho al descanso y a pasearse, a celebrar su aniversario de bodas, hacer el camino del Señor Santiago de Compostela, y honrar sus creencias religiosas.
Y todo eso, insistió, sin gastar un solo cinco de recursos públicos, pero, sin hacer la aclaración,quizá pertinente, de que su sueldo se cubre con recursos públicos.
De regreso a México, muy relajado y sonriente, don Ricardo Monreal declaró que “prefería quedar mal con la oposición, que con su esposa”, así lo dijo, y nadie daba crédito de hasta dónde puede llegar el cinismo de la elite política morenista.
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Tercer acto. Salta al escenario Andy (así le dicen) López Beltrán, secretario de organización de Morena (cualquier cosa que eso signifique), quien fuera sorprendido comiendo en el restaurante del lujoso hotel Okura, y más tarde al salir de la exclusiva tienda Prada, en Tokio, dejando atrás cualquier indicio de austeridad republicana.
A diferencia de los otros, Andy ha preferido guardar silencio para hacer patente, supongo, que no tiene por qué darle explicaciones a nadie: ni a los conservadores, ni a los derechistas y vendepatrias, ni mucho menos a los malditos medios de comunicación.
Por cierto, Andy tampoco se habría preocupado, según fuentes confiables, por el regaño de la presidenta Sheinbaum, en el sentido de que “el poder se ejerce con humildad”, por la sencilla razón de que no es extensivo al príncipe heredero.
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Epilogo. Como puede usted observar, estimado lector, en estos tres ejemplos de la tragicomedia nacional, los actores de Morena siguen en su papel de poseedores impertérritos del poder, capaces de cometer cualquier clase de exceso o satrapía, habilitados por la “voluntad popular” para ser tan incongruentes como les venga en gana, sin que exista limite o contrapeso alguno.
De ese modo, pareciera que mientras más evidente es la falsedad y la corrupción del actual régimen, mayor es la incapacidad de la oposición para ofrecer una puesta en escena distinta.
Por desgracia, la oposición sigue pasmada, dividida y sumida en la mezquindad de la sobrevivencia y la pequeñez moral de sus dirigentes.
Acertijo
Sería el fin del partido casi único.