Seis interrogantes (al menos) sobre la izquierda
14 de abril de 2026El bla bla bla de Barcelona
Enrique Laviada Cirerol –
Sin grandes sorpresas ni novedades, la presidenta Claudia Sheinbaum fue a Barcelona a hacer, exactamente, lo que mejor sabe hacer (tal vez lo único), un bla bla bla sin mayor contenido, acaso destacable por eso mismo, por su vaciedad, esta vez dirigido al mundo entero, o sea, muchas horas de viaje para nada.
Empezó diciendo, con un tono casi conmovedor, que llegaba en representación de un pueblo que rechaza el odio (suenan fanfarrias), cuando ella es producto de la política de odio que sembró en el país su antecesor, y que ella mantiene a pie juntillas, y que aún divide a nuestra sociedad, mediante una forma de gobernar que menosprecia la disidencia, que no muestra respeto por los otros, que persigue a quienes piensan diferente, que ha hecho uso del poder para denostar, descalificar y condenar a sus adversarios o a la prensa, hasta colocarlos en la condición de enemigos acérrimos a los cuales es menester destruir o eliminar.
Sheinbaum ha hablado, irónicamente de democracia, pero con la advertencia de que “la palabra libertad”(sic), sin la idea de justicia social no vale y no cuenta, algo que formaba parte del viejo discurso del poder, y fue soporte de un sistema de dominación que por generaciones logró eso, condicionar a los demás, generar una idea dominante y durante mucho tiempo, en efecto, excluyente, es decir, tanto tiempo y tanto espacio, para volver a recetarnos el lema de “democracia y justicia social” que, según creo, sigue inscrito en los muros del antiguo régimen político.
Mas adelante, para no quedar mal con los paradigmas, Sheinbaum desplegó la dramaturgia histórica que hace desfilar, la misma que desde que tengo uso de razón, pone en escena a los héroes nacionales, acomodados en fila y en la secuencia harto conocida, desde el cura Hidalgo hasta Lázaro Cardenas, nada que no se pueda escuchar en una ceremonia escolar de nivel primaria o secundaria, cualquier lunes, y con el que se hacen perdurables los mitos y el reduccionismo positivista con el que, también, se ha nutrido al viejo régimen por décadas, se dice que, al parecer, el único mérito de su discurso en esta parte, consistióno pedir a España disculparse por los horrores cometidos durante la conquista, a manos de Hernán Cortés, digo, afortunadamente.
Pero lo que no podía faltar era la recomendación de garantizar en todas partes la salud, la educación y la cultura y a evitar cualquier idea nociva de carácter elitista, lo que yo no puedo calificar más que como un derroche de falsedad, cuando el sistema de salud pública en México se encuentra al borde del colapso, la educación se dirige en picada hacia sus puntos más bajos en cualesquiera de los niveles y asignaturas que se guste consultar, y de la cultura solo se puede agregar que ha sido puesta en manos de fanfarrones y propagandistas, o viceversa.
Luego vino el llamado del candil de la calle para lograr la paz mundial, desde un país consumido por una violencia que no para, que no cesa, la más letal de la historia, cuando las bandas criminales controlan vastas regiones del país e imponen la ley del terror entre la población, un llamado hecho desde un país con más de 130 mil desaparecidos a causa de esa guerra del narco en contra de la sociedad, mientras los capos de su partido siguen señalados por sus deleznables vínculos con la delincuencia organizada, aunque la presidenta siga minimizando o negando ese profundo dolor que embarga al país entero, o lanzando sonrisas macabras cada vez que ese inmenso dolor toca a la puerta de su palacio.
Como era de esperarse (no es lo suyo) los aportes de Sheinbaum en materia de economía son dignos de no tomarse en cuenta, algo así como una referencia suelta a la economía del bienestar, dijo, o lo que aquí conocemos como la colección de todas las barbaridades, caprichos, dispendios, pérdidas y atracos que el régimen realiza bajo el vago concepto de bienestar que, hoy por hoy, solo se traducen en nulo crecimiento con inflación, mucha incertidumbre jurídica para los inversionistas y, por consiguiente, más desempleo y pobreza.
Ya encarrerada y envuelta en el cliché de “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, la presidenta Shueinbaum invitó a los presentes a luchar por la soberanía y en defensa de la independencia y la libre determinación de las naciones, pidió solidaridad con Cuba, perocasualmente no exigió la liberación de Nicolás Maduro( o ya de perdida reconocer su condición de preso político), nada de eso,de Venezuela mejor ni hablar, la cosa era ir con pies de plomo y dedicarse en Barcelona al bla bla bla de costumbre, lo que mejor sabe hacer.
Acertijo
Delcy se llama.
