Por piedad
24 de marzo de 2026
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Seis interrogantes (al menos) sobre la izquierda

Enrique Laviada Cirerol –

Primera. ¿Todavía existe?

No parece haber una respuesta clara. Desde la desaparición de la bipolaridad del mundo,esa pregunta parece estar suspendida en el aire. A finales del siglo pasado existieron intentos interesantes que buscaban mantener una línea ideológica que pudiera mantener con vida a esa corriente de pensamiento y de acción. Para entonces la mayoría de los partidos comunistas habían colapsado. Eso llegó a convertirse en un signo de decadencia. Ya no tenían prácticamente nada que aportar a la geopolítica. Las naciones gobernadas por partidos de ese origen enderezaban ya sus pasos hacia suintegración a la economía capitalista globalizada. China sería el caso más exitoso de semejante aventura pragmática. El caso es que, terminaba con esos partidos, la era delos dogmas fundacionales de la lucha de clases y la necesidad de la revolución violenta a escala mundial. Y eso sucedió sin regreso ni sobresaltos.

Segunda. ¿En qué se convirtió?

Con la caída de los dogmas comunistas, la izquierda en todo el mundo intentó emprender un interesante camino hacia convertirse en una alternativa moderada. Los partidos socialistas y las formaciones socialdemócratas o las corrientes de la denominada tercera vía se propusieron construir un enfoque económico que, aun estando inserto en un entorno capitalista, sirviera para equilibrar a las fuerzas del mercado, mediante políticas sociales compensatorias y derechos sociales exigibles. En muchos países del mundo ese proceso de reflexión y rectificación abrió nuevas rutas a la izquierda. Ya para entonces era conveniente hablar ya de las izquierdas, otorgando a su existencia un sentido plural y mucho más flexible. Durante un buen tiempo esa expectativa logró que crecieran los movimientos progresistas y se pusieran en marcha frentes electorales exitosos. Vinieron tiempos de apertura y formas creativas de incorporación a una modernidad global que exigía cambios de mentalidad y sentido en esos partidos y grupos. Podría decirse que la izquierda supo abrirse y aprovechar lasbocanadas de oxígeno que le otorgaban los electores y las nuevas formas de participación.

Tercera. ¿Y entonces que pasó?

Vinieron los excesos. En particular los relacionados con la corrupción. La izquierda pasó de la ilusión y la utopía, a la calamidad del dinero acumulado con facilidad desde lasesferas gubernamentales. Se inició lo que podríamos identificar como una acumulación originaria de granades capitales aprovechando las estructuras de poder y los recursos públicos. Lo que durante un periodo completo fue luminosidad, pronto se volvió podredumbre. Los escándalos de corrupción alcanzaron a casi todos los gobiernos y partidos de la izquierda. Vino el final de la mística y comenzó el enriquecimiento inexplicable e inadmisible. El destino de grandes líderes de esa corriente fue la cárcel. Todo parecía un castillo de naipes que caía sin remedio aparente. El demonio del dinero cobró una especie de venganza sobre los personajes que en otro tiempo habían sido los defensores de las clases sociales explotadas y oprimidas. La izquierda se aburguesó y perdió su esencia. Todo fue patético.

Cuarta. ¿Dónde quedaron las causas?

Con la llegada del nuevo siglo, la izquierda intentó encontrar una clara identidad asumiendo las causas de los grupos ambientalistas, la diversidad sexual, los derechos humanos, los feminismos, las libertades creativas o los grupos étnicos. Pero nunca logró conformar un nuevo programa que fuera compatible con su política. Los resultados electorales comenzaron a ser adversos. Una perdida incalculable de credibilidad terminó por pulverizar a las distintas expresiones de las izquierdas. Nadie parecía estar realmente comprometido con nada. Por consecuencia, la producción intelectual de esa corriente política, antes portentosa, prácticamente quedó extinguida. Desaparecieron las revistas y se desmantelaron los foros abiertos y se terminaron los debates o digamos que se secaron las partes y las fuentes que alimentaron por muchos años a las izquierdas.

Quinta. ¿Y luego?

Apreció una caterva de ignorantes empeñados en asumir la representación de lo que llamaron pomposamente el Socialismo del Siglo XXI. Entraron en escena los milicos convertidos en redentores del pueblo y los excombatientes sinvergüenzas y los demagogos sin límites y los caudillos mesiánicos, todos actuando en un ambiente tropical. Aparecieron a contrapelo del avance tecnológico de la humanidad. Acabaron con el intento anterior de una izquierda comprometida con la democracia, para edificar estructuras autoritarias. Había que hacer reinar a la ignorancia. Convertir a los pobres en pobres de espíritu. Había que lograr que el Estado se colocara por encima de todas las cosas, de los factores productivos, de los mercados, de la sociedad y, finalmente, de los ciudadanos. Nada fuera del Estado. Ya no se trataba de pensar en el estado de los negocios, sino en los negocios del Estado. Esa vuelta de la rueca del tiempo del populismo atrapó o atrapa aun a naciones completas. Venezuela y México son los ejemplos más lamentables. En nombre del pueblo es posible el ecocidio, el desconocimiento de la equidad de género y el enorme valor de los derechos humanos o de la pluralidad y la libertad o la democracia. La desgracia económica causada por los regímenes populistas aún no ha sido calculada suficientemente. Y menos todavía el daño que implica su incomparable corrupción, y lo que es mucho peor, su vinculo con la delincuencia organizada. Esos populistas estarían llamados, entonces, a echar la última palada de tierra en la tumba de la izquierda. Ya casi lo logran.

Sexta. ¿Es posible que surja algo distinto?

Siempre es posible que algo nuevo sustituya a lo viejo. El populismo es algo viejo. Y también es anacrónica la idea de que solo la derecha pueda solucionar los dilemas económicos y políticos de nuestras sociedades. Más bien se antoja necesario que, lejos de la antigua geometría ideológica,surjan conceptos y formas diferentes de gobernar y conducir los asuntos públicos. Donald Trump es todo menos sinónimo de convivencia. Pero los seguidores de Hugo Chavez o del Peje no parecen ser arquetípicos de una colectividad virtuosa. Ya verán, estimados lectores, como los jefes de Estado que se reunirán pronto en Barcelona solo harán el ridículo mundial. Pero me temo que Javier Milei tampoco parece estar lo sufrientemente cuerdo como para entusiasmar al mundo. Ni Claudia Sheinbaum preparada para responder preguntas simples. Por eso quizá sea tiempo,ya, de volver a producir ideas y recuperar el ateneo y cultivar los distintos saberes y recuperar los espacios del pensamiento crítico y la compatibilidad social y la democracia.

Ya no importaría tanto, entonces, responder a la primera pregunta.

Acertijo

Se le conoce como epitafio.